Qué dirán de nosotros cuando hayamos muerto

Creemos que los videojuegos son eternos, que nunca desaparecerán. Pero si no hacemos nada por conservarlos, de muchos de ellos al final no nos quedará más que el recuerdo.

Originalmente publicado en Indie Locus el 20 de abril de 2015.

La industria del videojuego es jovencísima, apenas 40 años la contemplan. De hecho es la industria cultural más joven, además de la más boyante, por supuesto.

Vivimos momentos históricos, apenas en los inicios de un nuevo campo de la creación humana. Es más, la mayoría de los pioneros, de aquellos que dieron los primeros pasos en este mundo, siguen vivos y muchos de ellos siguen dando guerra, como el gran Shigeru Miyamoto, un genio que aún es un niño que disfruta haciendo sus juguetes (interactivos), al igual que cuando entró a trabajar en la centenaria juguetera Nintendo, allá por los años setenta. Pero bueno, esa es otra historia, que por cierto, tuvo mucho más de indie de lo que ahora pueda parecer. Y es que los inicios, como siempre, son humildes, dirigidos por personas visionarias que son capaces de cambiar nuestrapercepción de las cosas.

Aún viven muchos de los pioneros de los videojuegos, aunque poco a poco tendremos que ir despidiéndonos de todos ellos. Así tuvimos que hacer recientemente con Ralph Baer, uno de los hombres más importantes de los videojuegos y no siempre lo suficientemente reconocido. Su gran invento, la Magnavox Odyssey, la primera consola doméstica de la historia, fue relegada a un segundo puesto al competir con ese gran titán que fue Atari en su momento.

Poco a poco esta joven industria se va haciendo mayor y no puedo ni imaginar cómo habrá cambiado en otros 40-50 años, cuando muchos alcancemos la ancianidad y esta industria se acerque a su centenario. ¡Qué jóvenes son los videojuegos y cómo han evolucionado! Es realmente increíble, difícilmente imaginable para aquellos que jugaban a “simuladores” de tenis, en un osciloscopio (Tennis for Two) o en una gran televisión de tubo en blanco y negro (Pong) lo que ha llegado a ser la industria del videojuego hoy en día.

Pero no todo es prometedor en el futuro de los videojuegos y esa es la razón por la que me he decidido a escribir éste artículo. El tiempo no pasa en balde y es capaz de causar auténticos estragos que ahora no somos capaces siquiera de imaginar.

Me acuerdo de otra industria, también joven pero ya centenaria, hablo del cine. Recuerdo cómo ha sufrido el paso del tiempo. ¡Cuántas obras se han perdido! Auténticas joyas, incluso éxitos de taquilla que ahora no son más que recuerdos en la mente de algún supervivente de aquella época o restos desperdigados y casi destruidos de celuloide. Ese es mi temor, el temor a la pérdida de grandes obras maestras del videojuego por el inexorable paso del tiempo.

Volviendo al cine, incluso grandes superproducciones de principios de nuestro siglo, mundialmente conocidas, han estado a punto de desaparecer. Esto sucedió por ejemplo con la obra maestra de Fritz Lang, Metropolis. Para ver Metropolis tal como la vemos hoy en día, fue necesaria una ingente labor de restauración e investigación.  Se perdieron fragmentos completos de película, no había ni una sola cinta de celuloide completa. Para su recomposición fue necesario unir diversas copias diferentes, obteniendo como resultado un metraje similar al original

Tengo un gran temor a que cuando yo sea un anciano o esté cerca de abandonar este mundo, muchos de los videojuegos a los que puedo jugar actualmente no sean más que viejos recuerdos casi olvidados. Pensaréis que exagero, pero en realidad son muchas las razones por las que estos turbios pensamientos que me rondan la cabeza pueden convertirse encatastrófica realidad.

De hecho, muchos juegos ya han desaparecido, aunque de momento la mayoría sean, con seguridad, obras menores. Por ejemplo, en la época de la crisis del videojuego de mediados de los 70 era muy sencillo hacer clones y versiones baratas de juegos y había un gran número de juegos amateur muy desconocidos y con una tirada de ejemplares muy baja. Muchos de esos juegos ya habrán desaparecido con seguridad.

Pero es posible que, con el paso del tiempo, algunas obras maestras empiecen a ser muy escasas, corriendo el peligro de desaparecer. Ya está pasando con versiones de juegos míticos para ciertas plataformas, como Final Fantasy VII, especialmente la rara versión original para PC, o el juego Ico, sobre todo en su versión coleccionista para Play Station 2. La escasez de ejemplares eleva su precio y es posible que poco a poco vayan desapareciendo muchos de esos ejemplares. No deberíamos dejar toda la responsabilidad de la existencia de los juegos al coleccionismo privado. Nunca sabemos lo que puede pasar.

Ciertos soportes tampoco favorecen la conservación de los juegos, ya que son formatos perecederos y se estropean fácilmente, especialmente el CD y sus derivados. De hecho es curioso cómo los juegos que más peligro pueden correr de desaparecer no son los más antiguos, sino especialmente los producidos a partir de la segunda mitad de los 90 hasta la actualidad, cuando se popularizó el uso del disco compacto, un formato puramente digital y frágil, frente al cartucho, mucho más resistente al estar protegido y usar componentes mecánicos en vez de digitales.

Es cierto que aunque desaparezcan todas las copias físicas de un juego, siempre quedarán las copias digitales, alojadas en servidores de interne ¿Siempre? Si decía que en lo que se refiere al CD, el progreso puede hacer más sencilla la desaparición completa de algunos videojuegos, las copias digitales online elevan esto peligro a un nuevo nivel. 

Actualmente existen muchos videojuegos, especialmente indies, que se distribuyen principalmente a través de internet, es más, la gran mayoría de ellos carecen de formato físico. Algo que se acrecienta en el PC, ya que, a diferencia de lo que sucede en consolas, la mayoría de los videojuegos se adquieren a través de internet y no en formato físico. El formato digital se está extendiendo cada vez más en todas las plataformas, relegando al formato físico a un segundo plano.

Las tiendas de juegos online de las diferentes consolas son también un peligro en potencia para la supervivencia de los juegos de distribución digital. Las diferentes versiones de las consolas tienen arquitecturas diferentes y por lo tanto no es sencillo portear los juegos a versiones más recientes (de Play Station 3 a Play Starion 4 por ejemplo), depende del esfuerzo de los propios desarrolladores. En el momento en que las viejas consolas dejen de ser rentables, es seguro que desaparecerán de las tiendas junto con sus juegos. En ese instante, muchos juegos pasarán a quedar tan solo en algún disco duro.

Pero los jugadores de PC tampoco estamos al margen, ya no tan solo por las manidas incompatibilidades de algunos juegos viejos con las nuevas versiones de los sistemas operativos. Sino también por lo que puede pasar con las propias tiendas de juegos. No nos engañemos, la fama en internet es extremadamente volátil y compañías que ahora son un éxito absoluto pueden acabar desapareciendo en unos años. Ha pasado incluso con las más grandes ¿quién se acuerda de MySpace, Terra o Yahoo? No son más que las sombras de lo que en su día fueron.

¿Qué pasaría con los juegos alojados en plataformas como Desura, Indiedb, Gamejolt, Gog, Origin o Steam si dichas plataformss cierran? Simplemente desaparecerían. Muchos juegos, disponibles únicamente en esas plataformas, desaparecerían para siempre.

Ya tenemos un gran ejemplo de lo que puede llegar a pasar con los juegos de distribución digital. El ejemplo más evidente son los videojuegos online. Son muchos los juegos que en su día fueron grandes éxitos y hoy no son más que recuerdos debido al cierre de los servidores, tenemos por ejemplo el reciente anuncio del cierre de servidores de los juegos free to play de Electronic Arts.

Como veis, he puesto muchos ejemplos de cómo lo que parecía una absurda profecía puede tener una base de realidad. Pero pongámonos en el peor de los casos, imaginemos un apocalíptico futuro. ¿Sabéis que existe la posibilidad de que gran parte de nuestro mundo contemporáneo desaparezca de la noche a la mañana? Afectando especialmente a lo que más nos representa como sociedad actual: la alta tecnología y los videojuegos.

Por desgracia, lo digital es especialmente volátil y es sencillo acabar con todo ello. Hablo de los pulsos electromagnéticos: una tormenta solar especialmente potente o una guerra nuclear pueden destruir de manera total cualquier aparato magnético o eléctrico, como móviles, consolas, ordenadores y cd’s, llevando a la práctica aniquilación de la tecnología moderna, entre ella los videojuegos.

Es posible que se me haya ido por un momento la cabeza, me haya puesto en un futuro demasiado trágico y que eso nunca suceda, pero el peligro para los videojuegos está ahí, hay muchos métodos para acabar con ellos. Nos creemos prácticamente inmortales, que nuestras creaciones van a ser eternas y sin embargo somos extremadamente frágiles.

Pero yendo más allá de cualquier suposición, lo cierto es que si no cuidamos de nuestro legado, este puede llegar a desaparecer. Por ello, se deberían establecer métodos para preservar los videojuegos como se hace con el cine u otras artes. Los primeros pasos ya se han dado, al ser ya reconocidos los videojuegos mayoritariamente como un arte, lo que hace más fácil que se actúe para su conservación. Pero aún estamos en fases muy iniciales, es necesaria la creación de centros especializados en el tratamiento, estudio y conservación de los videojuegos, lugares bien protegidos de los peligros que pueden destruirlos. Existe ya algún museo, casi siempre privado, y empiezan a verse videojuegos en las bibliotecas, pero es necesaria una labor mucho más potente.

Estamos ante un momento histórico, ante los primeros pasos de un nuevo campo de la expresión humana, depende de nosotros el mantener para futuras generaciones el enorme material creativo que se está creando. Debemos ser capaces de estar a la altura de nuestro papel, evitar el expolio y la destrucción del arte y de la creación humana, algo que siempre ha existido. Si no, no vale que nos lamentemos a posteriori. No podemos hacer nada por lo que se perdió, pero si podemos hacer mucho por lo que nos queda, de eso depende el qué dirán de nosotros cuando hayamos muerto.

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